La verdadera historia de Amor
Leo en algún periódico digital algún cotilleo sobre la visita oficial de Carlos de Inglaterra y Camilla, la del támpax. Lo cierto es esta mujer ha mejorado notablemente. Siempre ha parecido mucho mayor de lo que es, y ahora está en su edad. La edad que parecía tener hace veinte años es la que tiene ahora. La realeza le sienta bien, no cabe duda. El está también muy mejorado. Le pasa lo mismo que a ella. El siempre ha sido feo pero era joven. Ahora es mayor y, por tanto, se le ve menos feo. Lo cierto es que Diana Spencer era más guapa, tenía mejor tipo, era más esbelta, más juvenil, más todo que Camilla. Pero esas cosas no importan mucho a la hora de amar. Y el Príncipe de Gales jamás amó a Diana. Le obligaron a casarse y, supongo, él pensó que sería cosa de coser y cantar. Luego vinieron los celos, los cuernos que son los celos cuando dejan de ser celos, y al final la boda con Camilla. Tras casi treinta años de relación, se han casado. Parece ser que Camilla no es aceptada ni en Inglaterra ni en Estados Unidos. No es que me importe, sin embargo yo sigo convencida de que la verdadera historia de amor es la de Carlos y Camilla. La historia del támpax es una bobada comparada con la cantidad de cosas que habrán vivido juntos. La palabra amante, que tan mala prensa tiene, conlleva siempre un sentimiento de aguante, de paciencia, porque –al fin y al cabo- alguien se resigna a ser un segundón y aguantar el chaparrón. Cuando de ese segundo plano se pasa al primero no es algo que ocurra por casualidad ni mucho menos. De hecho sólo ocurre cuando ese amante realmente era el amado, el único en definitiva. Muchos años de espera, de estar al lado de alguien que –muchas veces- no está a la altura de las circunstancias, mucha paciencia y mucho temple deberían ser recompensados no sólo en la siguiente vida, sino en ésta. Y a Camilla le ha venido su pequeña recompensa. Pequeña porque los años no pasan en balde, porque el Príncipe de Gales no es que sea un gran partido y pequeña en cuanto a que ella sabe que no es aceptada y eso siempre duele, especialmente cuando nadie ha vivido la historia real, sino la que el papel couché relata. Me alegro por ella, ambiciosa o no, femenina o no, merecedora o no del papel de consorte del príncipe. Me alegro por una mujer que ha esperado lo que, al fin y al cabo, le correspondía.
Unas palabras para las princesas destronadas. Por supuesto la irrepetible Isabel Sartorius, cuyo único delito fue ser hija de divorciados. La más apropiada y la primera novia del Príncipe de Asturias, sería destronada antes de demostrar siquiera que está de sobra preparada para ser esposa y madre real. Fue descartada injustamente, enviada a Inglaterra y, años después, reaparecida con un marido virtual y una hija real. Hay quien comenta lo que todos sospechamos pero a mí –francamente- me da igual. Lo que me preocupa es que se descartara a Isabel Sartorius y a Eva Sannum, aunque noruega y feúcha, siempre correcta y además aprendía muy rápidamente, y se haya terminando aceptando a una plebeya que no sabe por dónde va. Me da igual que viviera en Vicálvaro –sin ningún tipo de desprecio por esta localidad que ni siquiera conozco-, que sea periodista, divorciada, hija de divorciados, que se ligara las trompas, que su madre sea sindicalista, su padre un chulo y su abuelo taxista. Eso me da igual. Hay gente con mil historias pero, mientras Felipe puede elegir a su esposa, a su reina la debe elegir España. Si ama a su esposa, debería haberse planteado abdicar a favor de alguna de sus hermanas. Hay antecedentes. Wallis Simpson se debe estar revolviendo en su tumba cada vez que vea la cara avinagrada de Leticia (el sistema no me deja escribirlo con zeta) Ortiz, por no hablar de su guardarropa elegido por su enemigo (el peor) y por su falta de acierto en cuanto a protocolo y sentido común. Me siento tan identificada con Camilla Parker-Bowles y con Isabel Sartorius especialmente que no hago más que darle vueltas a mi propia situación. Yo también he sido injustamente destronada, y todo por mis circunstancias que ya las quisiera para ella la falsa princesa de Asturias. Me siento afligida y siento la mano injusta del Opus Dei que se ha portado tan mal conmigo. Por eso mi director espiritual siempre me ha dicho que huya de elitismos, que la Iglesia acoge a todo el mundo. Estoy enfadada pero sobre todo triste y decepcionada. O me explica alguien por qué finalmente hemos de quedarnos con Leticia (el sistema no me permite escribirlo con zeta) Ortiz y por qué Isabel Sartorius fue destronada tan injustamente o una servidora se hace republicana. Lo juro por el Duque de Windsor.
Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.
laveron dijo
pufff...que suerte que aquí no hay realeza. con todos los problemas que tenemos, preocuparnos por estos tan terribles sería un calvario.
Ahora en serio: juró que se me hace imposible lo de la monarquía. En estos foros viven apedreando al islam por su trato con las mujeres y demás cosas (muchas veces, me parece que disfrazan xenofobia detrás de argumentos reales) y despés, todo este rollo de polleras y líos monárquicos. a mí y desde la distancia, me resulta ajeno y de un pasado diciochesco. Pero bueno, soy de por aquellos sitios.
3 Noviembre 2005 | 07:58 PM