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La Coctelera

Cosas que nunca te dije

Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.

25 Noviembre 2005

LA PETITE MORTE

Siempre es así. Cada vez que tú y yo nos enzarzamos es como si quisiéramos rescindir la frontera invisible que nos separa. Nos desprendemos de las ropas con tal brutalidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel. Estamos comiendo, o reposando, o charlando sobre un tema trivial, y, de repente, una mirada o una palabra o una risa nos abalanzan al uno sobre el otro para disipar una distancia que se nos antoja insoportable
Me he preguntado en alguna ocasión si no será que, cada uno a su manera, rebosamos un líquido o un humor que exige ser vertido dentro del otro, librarse de él para alcanzar el sosiego. Pero no: es más que eso. Nos asaltamos igual que si del asalto dependiera nuestra vida y la tuviésemos que defender rabiosamente... Y, sin embargo, tampoco es cierto eso, porque lo que sucede en realidad se parece mucho al aniquilamiento. Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en sí, distinto ya del otro nuevamente. Qué pena da volver; sería un buen momento para morir. <>, se dice; se dice y no se hace. No me sorprende que se hable de la tristeza después del coito; se ha evaporado un momento único de gloria, y aunque pueda repetirse mil veces, cada momento es único... Por el ojo de la cerradura, a través de la puerta secreta, se ha visto el paraíso; una parte distinta del paraíso en cada lance...

Y, cuando todo cesa, yo no recuerdo nada. Voló el ave feliz. Como prueba de que estuvo sólo me deja las agujetas del esfuerzo, de las posturas increíbles que el cuerpo accede satisfecho a adoptar. ¿Cómo haber vivido tantos años sin esta razón de ser?

Es para averiguarlo por lo que, a partir del tercer o cuarto combate, me propuse no abandonarme del todo, estar atenta, no enloquecer, subirme –o que suba una parte de mí- a un ángulo del techo de la habitación, y observar desde allí para saber lo que sucede. Pero jamás me ha sido posible conseguirlo. Y creo además que enterarme de lo que hago y sufro y gozo no me alegraría tanto como ese naufragar a la deriva en el océano que eres tú. Ese salir entera fuera de mí, sin dar razón de mí, hacia ti, que supongo también fuera de ti, y juntos, hacia el país del aturdimiento, del alarido y de la turbación, de la falta de respeto, de la falta de leyes. Un país para dos en que sólo cabe uno, sin tabús ni prohibiciones, sin lógica y sin generosidad, pródigo y despilfarrador, incrédulo en cualquier cielo y en cualquier infierno que no sean los nuestros...

Pero lo pienso y no; no es comparable a morir. Mi deleite no es comparable con la muerte; el tuyo sí. Tú te inflamas, te exaltas, tiemblas, eyaculas, y decaes y te apaciguas. Entretanto yo río, yo lloro, jadeo, clamo, y mis orgasmos no son más que un boceto, un cañamazo donde el placer borda su intrincado paisaje. Y si mis gozos son descargas como las tuyas –lo que no creo-, cuanto más numerosos, más se multiplican y más crecen. Y yo, en medio de ellos, estoy satisfecha, saciada, pero siempre dispuesta a recomenzar... Y tú, sobre mí o al lado mío, observándome, cayendo en la cuenta de que hacer gozar no es poseer, de que me escapo por las vías de un derroche por donde tú no puedes acompañarme; de que, al proporcionarme placer, abres un canal a mi barco, una puerta por donde yo me alejo de ti en lugar de solidarizarme.
Luego, sí; luego te lo agradezco. Pero en esos instantes yo estoy sola, embriagada como una posesa, como una campesina ebria, a la que, tú, desde abajo ves ascender y evadirse. Y nunca es previsible lo que sucederá, porque el deleite navega y va y vuelve por diversos itinerarios cada vez. Y de arriba abajo mi cuerpo está traspasado por ti; mi cuero cabelludo, mis orejas, mis rodillas, mis párpados, mis muslos, mis nalgas, mis poros, todos los orificios, por pequeños que sean, te reciben y acogen. Me siento follada en cada poro de mi piel. Cada combate es una encrucijada y tú estás al final de cada uno de los caminos, mojado de placer. Y así como yo puedo sentir tu esperma como culminación tuya, tú no podrás sentir cuando culmino yo, si es que dejo de culminar para otra cosa que culminar aún más. Ni puedes medir –yo tampoco- el peldaño al que trepa una contorsión mía, un fruncimiento, la agitación de mis piernas o una lubricación... Porque en mi placer nada tiene que ver con nada. Por eso no me extrañaría que te indignaras con mis sentimientos, con mi particular forma de sentir lo que siento. Comprendo que prefirieras que todo estuviese debajo de mi vientre, que mi placer se pareciera al tuyo, que lo consumáramos a la vez, casi idénticos, fluyendo los dos. Pero no es eso; no es así. Cuando tú estás colmado y te adormeces, yo estoy en el principio de la gloria; mis orgasmos aún no han terminado. Cuando tú cierras los ojos y comienzas a dormir, te rodeo totalmente y aún estoy corriendo mi carrera de obstáculos refulgentes, al saltar cada uno de los cuales palpo a ciegas los cielos... Cuanto más gasto, más tengo, mientras tú has de ahorrar y recuperarte. Mientras tú te hundes en una noche de fatiga, en mí amanece, todo se rearma y se ilumina. Y luego viene el día siguiente, y la luz entra por los recovecos de la persiana. Y te despiertas, me miras, me sonríes, y me tocas. Y sé que en ese preciso instante, en el hueco de ese primer abrazo de la mañana, me amas.

servido por Conchita 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Silvotilla

Silvotilla dijo

¿Es tan difícil contentarnos o satisfacernos sexualmente?
Me ha encantado tu blog.
Saludosss

25 Noviembre 2005 | 07:19 PM

heliopolis

heliopolis dijo

Campesina ebria, parece que sólo folla bien la plebe. Por cierto, sigues escribiendo de narices, pero nosotros también volamos.

25 Noviembre 2005 | 07:59 PM

ana

ana dijo

Muy bonito, pero no ha dejado de parecerme el polvo de una noche... bien tirado, eso sí.

26 Noviembre 2005 | 01:01 AM

Concha

Concha dijo

Ana, no es un polvo de una sola noche. Este escrito es el resultado, ni más ni menos, de un cúmulo de sensaciones que tienen su origen en el amor, el éxtasis, la alegría ilimitada. Se trata de una serie de emociones que necesitan su tiempo para madurar. Como todas las sensaciones, no es fácil transmitir qué se siente al respecto pero sí puedo asegurarte que este escrito nada tiene que ver con el simple y mero placer sexual. Para describir el placer de unas horas de la noche, no recurriría a un escito. Ahora mismo mi sentimiento es totalmente diferente. No se trata de sexo, no se trata de hacer el amor, entre otras cosas porque hacer el amor es una expresión desmesurada. Hacer el amor es más que eso, y además, no se acaba de hacer nunca. Gracias por tu mensaje ;)

28 Noviembre 2005 | 12:17 PM

ana

ana dijo

Gracias a ti, Concha. Y totalmente de acuerdo en que hacer el amor es mucho más. Y para llegar a ese mucho más, el amor, el éxtasis y la alegría ilimitada a los que te refieres no deben ser un sentimiento de uno sólo. Volar sólo puede ser divertido, pero nada más. Saber arrastrar al otro, dejárte arrastrar por él en todas esas sensaciones, ese sí es un buen comienzo.

28 Noviembre 2005 | 02:59 PM

Concha

Concha dijo

jajajajaja, tomaré nota. a veces es tan difícil entregarse al cien por cien. Un beso.

28 Noviembre 2005 | 04:02 PM

entierradenadie

entierradenadie dijo

Yo sigo viéndote muy carnal. Lo mío, o mejor dicho lo de ella, es distinto. Tiene rasgos similares, pero no es lo mismo. A veces quisiera algo más pasional, o más variable, esas cosas que me invento de cuando en cuando. Luego ella me lleva a su mundo, a su color. Supongo que amar es eso, renunciar. De todas formas, me gusta más el azul que el rojo.

29 Noviembre 2005 | 01:19 PM

Concha

Concha dijo

No es lo mismo porque es la de siempre, y yo, soy la nueva. A ella le puede pasar exactamente igual. Siempre que haya otro "nuevo". Todo lo nuevo es diferente y único, mientras es nuevo. Pero eso no dura nada, enseguida ya se hace viejo. Por eso hay que huir de lo nuevo, lo diferente, lo irrepetible.... Quedarse, a pesar de todo, eso sí que es lo real y lo que da valor al día a día. Por cierto, muchas veces no entiendo lo que dices, pero sigo hablando contigo. En cualquier caso, hoy no es mi mejor día. Y sigo, a pesar de todo, ya sabes...

29 Noviembre 2005 | 01:30 PM

hugo

hugo dijo

querida concha!

me encanto tu escrito, contiene unas imagenes preciosas

beso

16 Julio 2006 | 04:40 PM

Mariana

Mariana dijo

É lindo.
Encantada.

29 Agosto 2006 | 05:31 AM

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Sobre mí

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Cosas que nunca te dije

Madrid, España
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Tengo 37 años y, sin embargo, he encontrado el Amor hace un año. Mejor dicho, El me encontró a mí. En la figura de un hombre increíble, trece años menos que yo, y con una clase que no había conocido en ningún otro hombre. Y además, cumple todos los días!!

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