OIDO
Era o podía ser presumible que, en este blog, sólo se hablara de nuestra intimidad, que se tratara de una retrospección sincera y reflexiva. Pero ¿quién aparta la urgencia de la vida? Ya vuelvo atrás los ojos, me recojo en mí misma y escucho, de repente, el acuciante silbido de la realidad que me reclama. Ahora mismo. Aquí mismo.
Hoy voy a hablar -¿y cuándo no?- de la vida. O sea, voy a hablar de, como dicen los andaluces, las entretelas de mi corazón, de mi médula misma reflejada en un cristal de aumento. Porque yo te decía un día: <
Tú que me sabes de memoria y yo que te sé al dedillo, sabemos los dos que la vida es vida siempre y no tiempo. Me abate el hecho de saber que cuanta más vida tengamos, más vida habrá de morir; y, para empequeñecer la muerte, achicamos la vida. Qué tontos, Dios. Nosotros, -al menos yo-, ya no. Nunca más. Ahora agrando cada momento. Vivo para ser feliz. Ahora más que nunca.
Esta mañana he sentido un zumbido tremendo en el oído izquierdo. No sé por qué, realmente. Quizá para recordarme que hubo un tiempo en que tuve un acúfeno zumbándome continuamente la cabeza, especialmente cada noche. Qué curiosa es la mente. Esta noche he dormido de maravilla. Llevo durmiendo así unos ocho meses. Esta mañana he recibido carta tuya, felicitándome. Dedicándome un maravilloso día, augurándome un futuro mejor –supongo-. Jamás pensaste en un futuro conmigo, así que es de recibo que ahora, al menos, me desees un porvenir lleno de felicidad. ¡Cómo pasa el tiempo! Me parece increíble que hayan pasado casi seis años como un soplido. Así, sin apenas apreciar esa que yo fui. Esa que tanto te impresionó con su vida y su sonrisa. Ese seguir adelante, ese a pesar de todo que tanto empeño me ha proporcionado a la hora de continuar. Ese no parar, pase lo que pase. Además, ¿qué es el tiempo? ¿Qué es lo que el tiempo mide, y cuánto dura un beso? Yo sé que el tiempo para mí es como un salón amplio, enorme, en el que avanzo, retrocedo, freno indecisa. No es, desde luego para mí, un pasillo estrecho. Para mí es algo que, en sí, merece la pena. Y lo derrocho a manos llenas, desde luego, y con la certeza de lo que derrocho.
En definitiva la vida es como el fuego: reanima al que tiene frío si se acerca, y lo consume si se adentra en él. Morir de vida es buen final. Sé que a veces piensas que no hay que vivir así, que ese momento ya no existe. El tiempo en el que amamos nos olvidó. No, no se extravió en ninguna parte, es sólo que lo dejamos por ahí porque nos molestaba en nuestro camino. Yo, de lo que sé de ti, sé que te urgía encontrar ese momento pero también sé, como tú, que todo en nosotros es irrecuperable. Y la música, o es expresión de un concepto de la vida, o no es nada. Y si la música que yo llevo escuchando desde esa tarde de 6 de agosto es auténtica y no una simple y mera imitación, entonces un trozo de nosotros nos ha sido arrancado.
Aurore Dupin, más conocida por el pseudónimo de George Sand, escribió en una ocasión: <
Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.
Nocturna dijo
Un placer leerte...pero nunca digas, nunca jamás
la vida da sorpresas y espero que te de, a ti una autentica...Un saludo de...Noc_
7 Febrero 2006 | 04:39 PM