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La Coctelera

Cosas que nunca te dije

Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.

7 Febrero 2006

OIDO

Era o podía ser presumible que, en este blog, sólo se hablara de nuestra intimidad, que se tratara de una retrospección sincera y reflexiva. Pero ¿quién aparta la urgencia de la vida? Ya vuelvo atrás los ojos, me recojo en mí misma y escucho, de repente, el acuciante silbido de la realidad que me reclama. Ahora mismo. Aquí mismo.

Hoy voy a hablar -¿y cuándo no?- de la vida. O sea, voy a hablar de, como dicen los andaluces, las entretelas de mi corazón, de mi médula misma reflejada en un cristal de aumento. Porque yo te decía un día: <>. Recuerdo que mamá, como siempre más moderada que yo en todo, me apuntaba: <>. Cuánto he ansiado consumirme en tus llamas. Te digo esto, como todo, con una sonrisa en los labios, estos labios que tú has besado y que sé que aún recuerdas porque no quieres olvidar ni puedes, ni tampoco quieres permitirte el lujo de olvidar: <>. ¿Olvidar? ¿Es posible el olvido? ¿No estamos hechos de cuanto olvidamos?
Tú que me sabes de memoria y yo que te sé al dedillo, sabemos los dos que la vida es vida siempre y no tiempo. Me abate el hecho de saber que cuanta más vida tengamos, más vida habrá de morir; y, para empequeñecer la muerte, achicamos la vida. Qué tontos, Dios. Nosotros, -al menos yo-, ya no. Nunca más. Ahora agrando cada momento. Vivo para ser feliz. Ahora más que nunca.

Esta mañana he sentido un zumbido tremendo en el oído izquierdo. No sé por qué, realmente. Quizá para recordarme que hubo un tiempo en que tuve un acúfeno zumbándome continuamente la cabeza, especialmente cada noche. Qué curiosa es la mente. Esta noche he dormido de maravilla. Llevo durmiendo así unos ocho meses. Esta mañana he recibido carta tuya, felicitándome. Dedicándome un maravilloso día, augurándome un futuro mejor –supongo-. Jamás pensaste en un futuro conmigo, así que es de recibo que ahora, al menos, me desees un porvenir lleno de felicidad. ¡Cómo pasa el tiempo! Me parece increíble que hayan pasado casi seis años como un soplido. Así, sin apenas apreciar esa que yo fui. Esa que tanto te impresionó con su vida y su sonrisa. Ese seguir adelante, ese a pesar de todo que tanto empeño me ha proporcionado a la hora de continuar. Ese no parar, pase lo que pase. Además, ¿qué es el tiempo? ¿Qué es lo que el tiempo mide, y cuánto dura un beso? Yo sé que el tiempo para mí es como un salón amplio, enorme, en el que avanzo, retrocedo, freno indecisa. No es, desde luego para mí, un pasillo estrecho. Para mí es algo que, en sí, merece la pena. Y lo derrocho a manos llenas, desde luego, y con la certeza de lo que derrocho.
En definitiva la vida es como el fuego: reanima al que tiene frío si se acerca, y lo consume si se adentra en él. Morir de vida es buen final. Sé que a veces piensas que no hay que vivir así, que ese momento ya no existe. El tiempo en el que amamos nos olvidó. No, no se extravió en ninguna parte, es sólo que lo dejamos por ahí porque nos molestaba en nuestro camino. Yo, de lo que sé de ti, sé que te urgía encontrar ese momento pero también sé, como tú, que todo en nosotros es irrecuperable. Y la música, o es expresión de un concepto de la vida, o no es nada. Y si la música que yo llevo escuchando desde esa tarde de 6 de agosto es auténtica y no una simple y mera imitación, entonces un trozo de nosotros nos ha sido arrancado.

Aurore Dupin, más conocida por el pseudónimo de George Sand, escribió en una ocasión: <>>. Llevaba meses, supongo, deseando poder enviar a hacer puñetas el libro entero. Lo hice un primero de mayo, con la considerable angustia y con el arrepentimiento posterior, pero ha merecido la pena. En algún momento habría tenido que hacerlo, visto lo visto. Lo que de verdad siento (en lo más profundo de mi alma) es que tú me dijiste un día que no ibas a tirarte a la piscina por mis circunstancias y, como le pasó a la destronadísima injustamente, Isabel Sartorius, algún día te tirarás al charco con otra, incluso menos “adecuada” que una servidora. Y yo lo tendré que ver. Me queda la certeza de saber que, para entonces, yo ya habré bebido tanta agua del mismísimo océano que apenas sentiré nada al enterarme de tu destino -este océano me embriaga cada día más-. Tan sólo me quedará el amargor de no haber sabido darte de beber. Pero, al fin y al cabo, nadie bebe más agua de la que quiere. Yo, por lo pronto, ya he bebido. No sé si suficiente; mi consuelo es que nadie bebe más agua que la necesaria para apagar su sed. De ahí que el amor dependa por entero de nosotros: de nuestra capacidad de ingerir y empapar y filtrar el agua de sus fuentes. Al fin y al cabo, lo que alguien dice, lo que una escucha, que en un momento dado se clava en el alma como agujas, se va disipando como la niebla y, en cuanto sale el sol, una olvida que hubo una vez en que amó tanto que tuvo que sacrificar ese amor. Lo que jamás me permitiré olvidar fue que, al menos durante un tiempo, pude escuchar de tus labios esa canción, la canción del amor, tus palabras, tus promesas. Promesas que ni tú ni yo volveremos a escuchar.

servido por Conchita 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nocturna

Nocturna dijo

Un placer leerte...pero nunca digas, nunca jamás
la vida da sorpresas y espero que te de, a ti una autentica...Un saludo de...Noc_

7 Febrero 2006 | 04:39 PM

nata

nata dijo

Felicidades!!

7 Febrero 2006 | 05:55 PM

nata

nata dijo

Felicidades!!

7 Febrero 2006 | 05:55 PM

Concha

Concha dijo

Gracias, Nata. ¿Cómo se entera la gente de que el 7 cumplo años?

8 Febrero 2006 | 12:19 PM

nata

nata dijo

Por una dedicatoria en heliopolis ;)

8 Febrero 2006 | 03:33 PM

heliopolis

heliopolis dijo

Para que luego digas que no te cuido :)))))))

9 Febrero 2006 | 07:59 PM

Verónica

Verónica dijo

Felicidades con retraso.

¡Una Acuario tenías que ser!

10 Febrero 2006 | 02:02 AM

Concha

Concha dijo

Gracias Verónica. y gracias a todos por vuestras felicitaciones. Siempre es un placer leer vuestros comentarios.

13 Febrero 2006 | 02:20 PM

lorfale

lorfale dijo

La vida es una maravilla que nosotros mismos nos empeñamos en fastidiar.

Como tantos y tantos puntos negros de su memoria, aquel tenía ocupado y preocupado su cerebro toda la mañana. ¿De quien era aquella frase? ¿Donde la había leído? No había solución para el misterio, todos los intentos conducían a un mareo desolador.

Tras uno de aquellos desvaríos volvió a ser consciente de sí mismo, sintió el suave tacto de las sábanas que en parte el envolvían, percibió aquellos perfumes llenos de feromonas que encendieron sus pituitarias y pudo ver finalmente aquel cuerpo hermoso a su lado, justo pegado a aquella sonrisa que se dirigía a él y solo a él.

Nunca adoró tanto como entonces su media melena color castaño, sus ojos medio verdes y sus hermosos pechos debidamente enfundados en uno de aquellos sujetadores que tanto le gustaban, llenos de encajes y flores.

No pudo contestar a su reiterada "en qué piensas", ni pudo replicar a su pícaro "embobado como siempre". Quedaron atascadas en su boca, sin poder salir al peligroso mundo libre las palabras que gentilmente le dirían que era ella, con su ardor sexual y su belleza de diosa exótica, la que le dejaba mentalmente anestasiado.

Solo pudo, solo cogió fuerzas para avalanzarse sobre ella y hacerle el amor de esa forma tan brutal que a ella le gustaba tanto, con mordicos íntios y tirones de pelos incluídos, fiesta coronada con aquella forma de gritar y gemir que debía intentar retrasar lo más posible. Aquella vez lo consiguió, el tiempo fué largo y las sensaciones maravillosas.

El también gritó sin querer reprimirse por el miedo a ser oído fuera y, cuando iba a dejarse caer a su lado en la cama, sintió que algo se acercaba al otro lado de la ventana, una hoja de papel que revoloteaba por el aire y poco a poco se fué acercando al cristal, hasta quedar pegada la mismo durante unos segundos.

Ahí pudo leer su frase de nuevo. No había nada más.

Cerró los ojos y pensó que el misterio empezaba de nuevo

22 Febrero 2006 | 02:20 PM

carla

carla dijo

esta toraaaaaaaaaaaaaaa digamos esta orrible

2 Febrero 2008 | 07:37 PM

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Cosas que nunca te dije

Madrid, España
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Tengo 37 años y, sin embargo, he encontrado el Amor hace un año. Mejor dicho, El me encontró a mí. En la figura de un hombre increíble, trece años menos que yo, y con una clase que no había conocido en ningún otro hombre. Y además, cumple todos los días!!

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