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La Coctelera

Cosas que nunca te dije

Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.

3 Julio 2006

MORIR DE VIDA

El otro día te hablaba de la alegría, del dolor sobre todo. No podía, por menos, dejar de hablar de la felicidad. La felicidad es otra cosa. Es, siempre, otra cosa. Como el amor. Quizá lo que muchos llaman felicidad tienda yo a llamarla gloria, o incluso éxtasis. Una especie, quizá, de abstracción, que no embobamiento, que me llena por completo y me convence de que la elevación al cielo existe en tierra. Para algunos la felicidad puede residir en la serenidad, o bien en la prosperidad, en la fortuna, o incluso en la simple satisfacción. No es lo que yo quiero para mí, en ningún caso. Quizá sea lo que busque con sesenta años, pero no ahora mismo. No me extrañaría que la serenidad fuera un logro a cierta edad. No lo es, al menos de momento, en mi caso. Soy consciente de que el éxtasis, la alegría ilimitada, es una especie de trastorno mental transitorio, una salida de sí mismo, una enajenación o alteración tendente a desaparecer: el hombre o, mutis mutandi, la mujer, no puede habitar en el éxtasis, no puede vivir con los ojos en blanco permanentemente. Se afirma que amar con tiento lleva a la felicidad. Pero los límites de la prudencia, ¿dónde están? ¿Acaso la virtud de la realidad con los pies en la tierra, nos hace más felices? Nos puede hacer, por ejemplo, más reflexivos, más consecuentes, pero no más felices.

Por eso entiendo que el equilibrio entre esa especie de enajenación mental y ese aceptar la realidad con los pies en la tierra es la perfección, camino de la real felicidad. Pero, al menos en mi caso, siempre he ansiado esa enajenación mental, por necesaria, para sentir que la vida merece la pena. Ese andar con los ojos en blanco es lo que me permite levantarme con otra cara.
No aspiro, por tanto, a esa satisfacción o serenidad encaminada a la sabiduría que llega, siempre, cuando no se puede aspirar al éxtasis por cuestiones obvias. No se salta como un poseso de alegría con cierta edad, aunque las ganas no falten. Así que puedo afirmar que mi ansia se centra en el más puro éxtasis, a pesar de saber que éste es precario y fugaz. Pero, ¿no es acaso fugaz la vida también? Si la comparamos con el universo entero sí lo es. Y nadie decide poner punto y final antes de ser llamado a ello. Precario es el disfrute del baño y, sin embargo, todos bajamos la cuesta –para luego volver a subir a casa- hacia el río. Y con tales visos de precariedad, nos sumergimos de lleno en la vida, en los tediosos estudios, en la búsqueda de trabajos de infinitas horas, en las efímeras llamas del amor; nos zambullimos en el río hasta calarnos con la vehemencia que la misma vida nos ha dado, sin pensar siquiera que no siempre vamos a estar aquí, que llegará un día en que todo lo que hemos hecho no signifique nada, ni los estudios, ni el trabajo, ni el amor siquiera. ¿Quién es tan osado de desafiar a la vida, precisamente, por su afán de precariedad y fragilidad? Por eso me permito hablar así del éxtasis, de la gloria, de lo que entiendo yo por felicidad. Su precariedad no quita ni un ápice a su efervescencia. Si estoy en éxtasis es problema mío sentir cuándo he de apearme para dejar paso a otros quehaceres, sin descuidar el amor, que es un quehacer que no se termina de hacer nunca.

La sabiduría es un conjunto de conocimientos dirigidos hacia la vida práctica, culminando en el sosiego. Un sosiego no en plan un oso hibernando, sino el procedente del autodominio, de una cierta intuición, y de la experiencia y la madurez, aunque ésta última no he sabido bien qué es exactamente. Yo, por supuesto, gozo de mí misma en mi propia existencia, y comprendo que hay algo que me excede, y me dirijo a ello, y he escuchado las ofertas de la fortuna y el éxito social y las he rehuido, porque son más efímeras que yo misma y más contingentes que mis propias aspiraciones; para mí nada de esto constituye la felicidad. Porque realmente a mí me exceden las ofertas de amor, de pasión irrefrenable, de adoración ciega, por muy efímeras que también estas resulten. Aquí no trato de mantener equilibrio ninguno. En este caso soy desmesurada, no necesito mantener la calma. Más bien necesito gritar y bailar. Y saltar, a pesar de mi edad ya nada infantil. Acaso sea este todo mi caudal, el que prefiero a éxitos profesionales, o éxito social, o fortunas o fama, este caudal mío está por encima de los tesoros mencionados, porque en él no anochece nunca y es él el que me vacuna contra cualquier posible tentación de alargar la mano en busca de los bienes inferiores. A este día a día y gota a gota que, como una erosión de arena o agua, actúa sobre mis desniveles, mis acritudes y mis crispamientos; a esta personal arquitectura que ha hecho habitable la casa que, hasta hace un año, no lo era, le doy el adorable nombre de felicidad. Son obras que emprendí para andar por mi casa sin tropezar y sin caer: la adecentaron y la pusieron más bella desde que la felicidad se dignó a rozar con su hermosa y breve mano la aldaba de mi puerta.

Siempre me lo he repetido, en voz alta y en voz baja. Siempre se lo he repetido a quien he querido y respetado: Vive el presente con la mayor intensidad que seas capaz. El pasado es un camino, no siempre recto, para alcanzar el hoy; el mañana, si es que te llega, será una consecuencia que ha de traer entre las manos su propio afán. Realmente el presente es casi nada. Es tembloroso, y su estado de ánimo a veces no está destinado a perdurar, pero es lo único que tenemos. El presente ha de prolongarse, estirarse hora tras hora, y todas hieren, menos la última, que mata. No siento remordimientos del pasado, ni temor por el futuro. Quiero sentir que no hay más gozo que el presente –carnal y lúcido, inevitable, inmediato-, o el dolor del presente, enriquecedor y válido también...

Sé que es bobo decírtelo. Sé que temes a la muerte, pero temes más a la vida, y tú bien lo sabes. Pero antes que cualquier, digamos, norma, ten ésta en cuenta: no te separes de la vida. No dejes de abrazarte a ella con fuerza: ni por cobardía, ni por pereza, ni por sensatez. Abandónate a la vida (morir de vida es un buen final), sin que la manche ninguna pasajera tristeza, ningún pesimismo, ninguna sombra tuya. Y pregúntate de vez en cuando para qué estás aquí: quizá sólo estés para averiguarlo. Si puedes, cuando puedas, sé feliz. Pero, aunque no lo seas, no lo olvides: el tesoro del niño está aún próximo a ti, lo tocarás si alargas la mano (la delicada mano), no lo disminuyas a tu costa. Te lo repito: jamás te separes de la vida; por nada de este mundo te separes. Cuando alguien te aconseje por prudencia, desóyelo y aléjate de él. Y recuérdalo a cada instante: la obligación más exigible de un ser vivo –la primera- es vivir: vivir por encima de todo lo demás. La vida es tu oportunidad, la tuya sólo: tus errores, tu inevitable fiesta, tus dudas, tus fracasos, tu muerte intransferible y tan personal. Tu posibilidad, sólo la vida. Sea o no un sueño. Porque hay que vivir el sueño y hay que soñar la vida apasionadamente.

servido por Conchita 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

nata

nata dijo

Hace tiempo que no hemos tenido la ocasion de leerte, me alegro de que hayas retomado el blog y además con nuevo aspecto, espero que sigas escribiendo... Besos

4 Julio 2006 | 01:22 PM

khaos

khaos dijo

Precioso,como siempre.Da gusto leerte,me trasladas y tus palabras juegan con mi memoria y mi vida.Hasta la siguiente y no tardes mucho,por favor.

20 Julio 2006 | 01:42 PM

sonajeroloco

sonajeroloco dijo

IMAGINO.

Que te vas quitando la ropa

y que puedo disfrutarte.

Que insinúas cada pálpito

dejando mis ojos en jaque.

Que dejas que me acerque

a sentir el fulgor reflejarse.

Que reclamas mis manos

para suplicar adorarte.

Que mis labios recorren

las delicadezas de tu arte.

Que al final me consumo

por conseguir inundarte.

Eso imploro, eso deseo,

eso imagino. Mas antes...

Necesito que los secretos

del alma quieras contarme.

14 Septiembre 2006 | 08:25 PM

sabrina

sabrina dijo

en el mopmento en que lei es texto me sentia destroza ...pero al leerlo descubri la fuerza de tus palabras , me parecen muy bonitas y te inspiran gran fuerza para seguir adelante, de verdad gracias

30 Octubre 2007 | 04:00 PM

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Cosas que nunca te dije

Madrid, España
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Tengo 37 años y, sin embargo, he encontrado el Amor hace un año. Mejor dicho, El me encontró a mí. En la figura de un hombre increíble, trece años menos que yo, y con una clase que no había conocido en ningún otro hombre. Y además, cumple todos los días!!

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